Como hermanos haciéndole cosquillas al cielo, se levantan
los tres, cada uno con su valentía y su virilidad, pero con cicatrices
diferentes, muestras de destreza, de madurez, seriedad y escepticismo.
Pareciera de pronto ridículo encontrar nuestra pequeña gran manzana, pero al
caminar por lo que pudo haber sido un destino padrísimo de la ciudad, nos
lamentamos viendo suavicremas estorbando; claro, que si la evitamos y rodeamos
un poco, nos hacemos chiquitos ante los tres, y caminamos viendo hacia arriba,
como deberíamos siento yo, hacerlo siempre, pero “nos faltan los motivos” . Si
los vemos de lejos, nos regalan una buena panorámica, si nos acercamos un poco,
decimos ¡a jijo! Pero ya en medio de ellos, nos rompemos y dejamos seducir,
como si nos conquistaran, y ya nerviosos, con la vista parpadeante, pocos
tienen el valor de presentarse y decir por ejemplo, hola, me llamo Juan (aunque
con la voz cortada), y se siguen derechito después de mirar al cielo. Yo sé que
es la “Mayor” la “Reforma” y la “Bancomer” con el prefijo al puro estilo de un
San Giminiano descomunal de “torre”. Me gustaría contar mis percepciones acerca
de los o las tres.
Paradoja: primero, la mayor, va a ser la menor. Qué raro,
que la haya su autor sea un judío. Sin embargo, se fue a lo seguro, casi
monolítica, esculpida para un encargo presuroso pero con una pulcritud innegable
¡casi opaca nuestras ganas de más! En su parte más alta, simula a un nuevo gótico,
chato, pero nuevo. Sus cristales verdes, con un reflejo homogéneo, son
equivalentes al frio y efectivo empeño de su ingeniería estructural, sin miedo
a nada. Podría describirla por las mayores vertientes posibles, pero llegaría
al mismo punto… no me gusta.
Afortunadamente alzando la mano más alto como niño de
primaria para que lo vea la maestra llega el que se cree el mediano, al que le
faltaron pelitos de alfalfa para ser contundente, y pelearse en serio con el
primer lugar, Sin embargo, la comparativa creo yo que es un tanto vulgar,
¡quien se fija en la más alta, si las chaparritas tienen lo suyo! Es en serio.
De las vacas gordas que tenemos en la arquitectura mexicana, no podía faltar
uno que en serio conoce México, y si no, lo copia re bien, aquel que nos
regaló, como nación, al mundo; Legorreta, a los chavos como yo (25 años) nos
anima muchísimo, su obra, su trayectoria y sobre todo la identidad, y no me
refiero al naranja y al amarillo y morado de los Lakers; sino a sus ganas de
construir arte y sociedad en espacios habitables. Don Ricardo, un ser mágico al
que creo, se le puede reprochar poco, y el que con esta obra, anima y alienta a
los futuros culpables de la arquitectura en México, porque entonces vemos que sí,
que si se puede hacer arquitectura todavía, como en esos tiempos mozos, cuando
mandaban los buenos, viejos y conocidos, y la teoría, fuerte, muy fuerte, era
comprobable; cuando creció México de las manos de Vázquez, González de León,
Legorreta, Sánchez etc. Todavía una generación después de otros más buenos. Ya
hablando de la forma y de los huecos que se dejan ver, este cuate si estudió el
sitio, analizo las vistas, el trazo, la composición, y dotó de una
ornamentación propia y con cierto carácter que hace que su arquitectura genere
una sensación de ser palpable por el hombre, por su escala, que va
disminuyendo, desde el prisma urbano hasta los perfiles industriales, haciéndola
más amable para el usuario, a comparación de la limpieza de la Torre Mayor menor.
Sin embargo y a mi parecer la tercera y más alta sin dudas,
dice quítate que hay te voy en todo. Para empezar una firma mexicana no tan
popular como Legorreta pero tampoco tan nueva y mucho menos inexperta (y sigo
con el inca píe de que estas oficinas son fuentes de vida para la esperanza de
las nuevas generaciones), formalmente su estacionamiento es otro volumen, poco más
serio que el principal, pero el tratamiento en el concreto te deja sentir aún
más su textura y creo que al dejar tantas porosidades dejan también que por el
edificio pase el tiempo y pueda ser visto con la ternura y la nostalgia después
de algunos años de ser terminada, cuando yo por ejemplo este más grande (de
edad) y recuerde ese concreto nuevo, sin contaminación y piense como limpiaron
o no, cada escurrimiento de tantas lluvias (yo los dejaría). Esta torre será la
más publica de las tres y la que se abre a una plaza inventada, porque voltea
hacia el espacio que queda entre las tres, incluyendo la dinámica de la dirección
de la avenida reforma y de la orientación sur poniente luego hablamos. Pero la
parte que cautiva es que se arriesga y toma una forma rara, pero estudiada,
fresca pero sólida y con la madurez de un estudioso en letras. Y la parte en la
que un arquitecto luego no se anima a hacer cosas que inspiren y que te dejen
encontrar el turco, sin que se caiga, es la estructura, la ingeniería. Pero es
que finalmente la arquitectura se hace de forma ambivalente como la torre
Bancomer, y la Mayor, pero esta parece que la gana un poco la ingeniería, como
si un ingeniero de pronto fuera bueno, y en serio pensara en grande y con la
solución en la mano, pudiera hacer una verdadera obra arquitectónica, pero no –o
al menos a mí me anima pensar que no- esa tarea sólo es de un arquitecto
fregón. Su muro de concreto de fondo y su estructura que se va cerrando como
una cremallera y que de ahí se suspendan los entrepisos ¡pooooots! Y de ahí hasta
el cielo sin antenitas rascadoras. Ya quiero que esté terminada para sentarme
un poco a ver pasar la gente en ese vestíbulo tan generoso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario