martes, 24 de febrero de 2015

027 LOS TRES CHIFALDOS




Como hermanos haciéndole cosquillas al cielo, se levantan los tres, cada uno con su valentía y su virilidad, pero con cicatrices diferentes, muestras de destreza, de madurez, seriedad y escepticismo. Pareciera de pronto ridículo encontrar nuestra pequeña gran manzana, pero al caminar por lo que pudo haber sido un destino padrísimo de la ciudad, nos lamentamos viendo suavicremas estorbando; claro, que si la evitamos y rodeamos un poco, nos hacemos chiquitos ante los tres, y caminamos viendo hacia arriba, como deberíamos siento yo, hacerlo siempre, pero “nos faltan los motivos” . Si los vemos de lejos, nos regalan una buena panorámica, si nos acercamos un poco, decimos ¡a jijo! Pero ya en medio de ellos, nos rompemos y dejamos seducir, como si nos conquistaran, y ya nerviosos, con la vista parpadeante, pocos tienen el valor de presentarse y decir por ejemplo, hola, me llamo Juan (aunque con la voz cortada), y se siguen derechito después de mirar al cielo. Yo sé que es la “Mayor” la “Reforma” y la “Bancomer” con el prefijo al puro estilo de un San Giminiano descomunal de “torre”. Me gustaría contar mis percepciones acerca de los o las tres.
Paradoja: primero, la mayor, va a ser la menor. Qué raro, que la haya su autor sea un judío. Sin embargo, se fue a lo seguro, casi monolítica, esculpida para un encargo presuroso pero con una pulcritud innegable ¡casi opaca nuestras ganas de más! En su parte más alta, simula a un nuevo gótico, chato, pero nuevo. Sus cristales verdes, con un reflejo homogéneo, son equivalentes al frio y efectivo empeño de su ingeniería estructural, sin miedo a nada. Podría describirla por las mayores vertientes posibles, pero llegaría al mismo punto… no me gusta.

Afortunadamente alzando la mano más alto como niño de primaria para que lo vea la maestra llega el que se cree el mediano, al que le faltaron pelitos de alfalfa para ser contundente, y pelearse en serio con el primer lugar, Sin embargo, la comparativa creo yo que es un tanto vulgar, ¡quien se fija en la más alta, si las chaparritas tienen lo suyo! Es en serio. De las vacas gordas que tenemos en la arquitectura mexicana, no podía faltar uno que en serio conoce México, y si no, lo copia re bien, aquel que nos regaló, como nación, al mundo; Legorreta, a los chavos como yo (25 años) nos anima muchísimo, su obra, su trayectoria y sobre todo la identidad, y no me refiero al naranja y al amarillo y morado de los Lakers; sino a sus ganas de construir arte y sociedad en espacios habitables. Don Ricardo, un ser mágico al que creo, se le puede reprochar poco, y el que con esta obra, anima y alienta a los futuros culpables de la arquitectura en México, porque entonces vemos que sí, que si se puede hacer arquitectura todavía, como en esos tiempos mozos, cuando mandaban los buenos, viejos y conocidos, y la teoría, fuerte, muy fuerte, era comprobable; cuando creció México de las manos de Vázquez, González de León, Legorreta, Sánchez etc. Todavía una generación después de otros más buenos. Ya hablando de la forma y de los huecos que se dejan ver, este cuate si estudió el sitio, analizo las vistas, el trazo, la composición, y dotó de una ornamentación propia y con cierto carácter que hace que su arquitectura genere una sensación de ser palpable por el hombre, por su escala, que va disminuyendo, desde el prisma urbano hasta los perfiles industriales, haciéndola más amable para el usuario, a comparación de la limpieza de la Torre Mayor menor.


Sin embargo y a mi parecer la tercera y más alta sin dudas, dice quítate que hay te voy en todo. Para empezar una firma mexicana no tan popular como Legorreta pero tampoco tan nueva y mucho menos inexperta (y sigo con el inca píe de que estas oficinas son fuentes de vida para la esperanza de las nuevas generaciones), formalmente su estacionamiento es otro volumen, poco más serio que el principal, pero el tratamiento en el concreto te deja sentir aún más su textura y creo que al dejar tantas porosidades dejan también que por el edificio pase el tiempo y pueda ser visto con la ternura y la nostalgia después de algunos años de ser terminada, cuando yo por ejemplo este más grande (de edad) y recuerde ese concreto nuevo, sin contaminación y piense como limpiaron o no, cada escurrimiento de tantas lluvias (yo los dejaría). Esta torre será la más publica de las tres y la que se abre a una plaza inventada, porque voltea hacia el espacio que queda entre las tres, incluyendo la dinámica de la dirección de la avenida reforma y de la orientación sur poniente luego hablamos. Pero la parte que cautiva es que se arriesga y toma una forma rara, pero estudiada, fresca pero sólida y con la madurez de un estudioso en letras. Y la parte en la que un arquitecto luego no se anima a hacer cosas que inspiren y que te dejen encontrar el turco, sin que se caiga, es la estructura, la ingeniería. Pero es que finalmente la arquitectura se hace de forma ambivalente como la torre Bancomer, y la Mayor, pero esta parece que la gana un poco la ingeniería, como si un ingeniero de pronto fuera bueno, y en serio pensara en grande y con la solución en la mano, pudiera hacer una verdadera obra arquitectónica, pero no –o al menos a mí me anima pensar que no- esa tarea sólo es de un arquitecto fregón. Su muro de concreto de fondo y su estructura que se va cerrando como una cremallera y que de ahí se suspendan los entrepisos ¡pooooots! Y de ahí hasta el cielo sin antenitas rascadoras. Ya quiero que esté terminada para sentarme un poco a ver pasar la gente en ese vestíbulo tan generoso. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario