La ciudad es un sistema, en constante mutación, afectada por
diversos fenómenos, siempre carente y demandante, harta seca y urgente; así son
las ciudades exitosas, que cumplen su cometido, funcionar. En efecto, olvidándonos
un poco del valor humano (la historia de sus edificios, la calidez de su gente,
lo dramático de sus calles) la ciudad es una maquina dispuesta en un noventa
por ciento de su totalidad a resistir y proveer la demanda de los usuarios, sí,
todos nos quejamos de los baches, la inseguridad, el tráfico, la deficiencia
del transporte público, la escases de vivienda, las casas de zapatos infinitas
en Tecámac etc. Pero como introducción a los espectadores de la ciudad que no
sienten la culpa que deberían de sentir los arquitectos, sería bueno
presentarla también como la máquina que pretende ser y que afortunadamente por
muchos factores lo logra. El primer ejemplo es una casa de lujo, que pasa de lo
esencial a lo más caprichoso y disyuntivamente necesario, como contactos para
entradas HDMI o de audio, controles de: sonido, temperatura, energía,
iluminación, datos, seguridad etc. La arquitectura está involucrada en los
temas más naturales, sistemáticos, biológicos y por supuesto antropológicos, más,
de lo que se piensa. Todas las instalaciones de una casa son análogas a nuestro
nuestras venas, intestinos, arterias etc. Y hasta trillado sería mencionar a la
teoría de los sistemas pero si, la ciudad se compone de la misma manera, y aquí
viene la magia, porque nosotros no sabemos que siente un glóbulo rojo, o los
electrones corriendo a atraves de un segmento de cobre, ni el milagro en una
molécula de ATP, pero si y afortunadamente si, podemos sentir aunque
aparentemente indistinta, la “CORRESPONDENCIA” o transferencia de la línea 2 a
la 12. Y viene la humildad a los ojos cuando lo obvio resulta obviado y nos
suceden cosas en nuestros recorridos, alguien dijo que estar enamorado es
platicar antes del trabajo, también los amantes se encuentran en algún crucero
urbano, las mamás van por sus hijos etc. Estoy de acuerdo que no son lugares
como tal, pero de que pasan cosas pasan cosas, de que se vive en el transcurso,
en el recorrido, de eso no hay ninguna duda. Resulta fascinante ser parte de
algo, ser chiquito y ver hacia arriba hacia los lados, como decía Le Corbusier:
“ojos, cabeza, hombros” y transportarte y transcurrir en el tiempo y en el espacio,
y estos lugares “órganos” que nos facilitan la esperanza y algunas veces la frustran,
son el pan de cada día, donde se dan los besos más apasionados, las rupturas
más locas, y los apachurrones más severos. Si hay mucho material por sacar.
Será después.
ciudad vida y arquitectura
jueves, 26 de febrero de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
027 LOS TRES CHIFALDOS
Como hermanos haciéndole cosquillas al cielo, se levantan
los tres, cada uno con su valentía y su virilidad, pero con cicatrices
diferentes, muestras de destreza, de madurez, seriedad y escepticismo.
Pareciera de pronto ridículo encontrar nuestra pequeña gran manzana, pero al
caminar por lo que pudo haber sido un destino padrísimo de la ciudad, nos
lamentamos viendo suavicremas estorbando; claro, que si la evitamos y rodeamos
un poco, nos hacemos chiquitos ante los tres, y caminamos viendo hacia arriba,
como deberíamos siento yo, hacerlo siempre, pero “nos faltan los motivos” . Si
los vemos de lejos, nos regalan una buena panorámica, si nos acercamos un poco,
decimos ¡a jijo! Pero ya en medio de ellos, nos rompemos y dejamos seducir,
como si nos conquistaran, y ya nerviosos, con la vista parpadeante, pocos
tienen el valor de presentarse y decir por ejemplo, hola, me llamo Juan (aunque
con la voz cortada), y se siguen derechito después de mirar al cielo. Yo sé que
es la “Mayor” la “Reforma” y la “Bancomer” con el prefijo al puro estilo de un
San Giminiano descomunal de “torre”. Me gustaría contar mis percepciones acerca
de los o las tres.
Paradoja: primero, la mayor, va a ser la menor. Qué raro,
que la haya su autor sea un judío. Sin embargo, se fue a lo seguro, casi
monolítica, esculpida para un encargo presuroso pero con una pulcritud innegable
¡casi opaca nuestras ganas de más! En su parte más alta, simula a un nuevo gótico,
chato, pero nuevo. Sus cristales verdes, con un reflejo homogéneo, son
equivalentes al frio y efectivo empeño de su ingeniería estructural, sin miedo
a nada. Podría describirla por las mayores vertientes posibles, pero llegaría
al mismo punto… no me gusta.
Afortunadamente alzando la mano más alto como niño de
primaria para que lo vea la maestra llega el que se cree el mediano, al que le
faltaron pelitos de alfalfa para ser contundente, y pelearse en serio con el
primer lugar, Sin embargo, la comparativa creo yo que es un tanto vulgar,
¡quien se fija en la más alta, si las chaparritas tienen lo suyo! Es en serio.
De las vacas gordas que tenemos en la arquitectura mexicana, no podía faltar
uno que en serio conoce México, y si no, lo copia re bien, aquel que nos
regaló, como nación, al mundo; Legorreta, a los chavos como yo (25 años) nos
anima muchísimo, su obra, su trayectoria y sobre todo la identidad, y no me
refiero al naranja y al amarillo y morado de los Lakers; sino a sus ganas de
construir arte y sociedad en espacios habitables. Don Ricardo, un ser mágico al
que creo, se le puede reprochar poco, y el que con esta obra, anima y alienta a
los futuros culpables de la arquitectura en México, porque entonces vemos que sí,
que si se puede hacer arquitectura todavía, como en esos tiempos mozos, cuando
mandaban los buenos, viejos y conocidos, y la teoría, fuerte, muy fuerte, era
comprobable; cuando creció México de las manos de Vázquez, González de León,
Legorreta, Sánchez etc. Todavía una generación después de otros más buenos. Ya
hablando de la forma y de los huecos que se dejan ver, este cuate si estudió el
sitio, analizo las vistas, el trazo, la composición, y dotó de una
ornamentación propia y con cierto carácter que hace que su arquitectura genere
una sensación de ser palpable por el hombre, por su escala, que va
disminuyendo, desde el prisma urbano hasta los perfiles industriales, haciéndola
más amable para el usuario, a comparación de la limpieza de la Torre Mayor menor.
Sin embargo y a mi parecer la tercera y más alta sin dudas,
dice quítate que hay te voy en todo. Para empezar una firma mexicana no tan
popular como Legorreta pero tampoco tan nueva y mucho menos inexperta (y sigo
con el inca píe de que estas oficinas son fuentes de vida para la esperanza de
las nuevas generaciones), formalmente su estacionamiento es otro volumen, poco más
serio que el principal, pero el tratamiento en el concreto te deja sentir aún
más su textura y creo que al dejar tantas porosidades dejan también que por el
edificio pase el tiempo y pueda ser visto con la ternura y la nostalgia después
de algunos años de ser terminada, cuando yo por ejemplo este más grande (de
edad) y recuerde ese concreto nuevo, sin contaminación y piense como limpiaron
o no, cada escurrimiento de tantas lluvias (yo los dejaría). Esta torre será la
más publica de las tres y la que se abre a una plaza inventada, porque voltea
hacia el espacio que queda entre las tres, incluyendo la dinámica de la dirección
de la avenida reforma y de la orientación sur poniente luego hablamos. Pero la
parte que cautiva es que se arriesga y toma una forma rara, pero estudiada,
fresca pero sólida y con la madurez de un estudioso en letras. Y la parte en la
que un arquitecto luego no se anima a hacer cosas que inspiren y que te dejen
encontrar el turco, sin que se caiga, es la estructura, la ingeniería. Pero es
que finalmente la arquitectura se hace de forma ambivalente como la torre
Bancomer, y la Mayor, pero esta parece que la gana un poco la ingeniería, como
si un ingeniero de pronto fuera bueno, y en serio pensara en grande y con la
solución en la mano, pudiera hacer una verdadera obra arquitectónica, pero no –o
al menos a mí me anima pensar que no- esa tarea sólo es de un arquitecto
fregón. Su muro de concreto de fondo y su estructura que se va cerrando como
una cremallera y que de ahí se suspendan los entrepisos ¡pooooots! Y de ahí hasta
el cielo sin antenitas rascadoras. Ya quiero que esté terminada para sentarme
un poco a ver pasar la gente en ese vestíbulo tan generoso.
jueves, 19 de febrero de 2015
miércoles, 18 de febrero de 2015
025 CARLA Y DIEGO
Cuando la arquitectura pasa de lo material a lo etéreo,
cuando el donde no importa y el que, trasciende, cuando el recurso que tan a la
mano tenemos no alcanza (el tiempo), ese instante que no es lugar, sino
momento. Es la parte de la vida donde las aguas se aplacan y todo tiene sentido
de nuevo; para mí, la columna encabronadamente fuerte de donde derivan las
nuevas promesas, sueños e ilusiones, donde se sana el alma. Después medito un
poco, sólo un poco, y pienso ¿Qué realmente es tan importante, una tasita de
café? Me respondo inmediatamente, “nunca es suficiente” pero me esfuerzo y
pienso otro poquito y me doy cuenta de que tampoco es el café. El aroma seduce,
distrae, concentra, pero no, no es eso. Tal vez sean las personas, pero si me pusiera
a pensar en todas las personas que existen y al pasar me ignoran, podría hacer
un tratado entre mi soledad, sus soledades y lo extraño que es la libertad. Son
entonces ellos, fábricas de emociones, sensaciones y reconfortantes esperanzas,
son ellos, a los que les debo mi vida, porque mi vida está construida de
momentos, y ellos hacen muchos de esos. En la imagen estoy tomándome una tasita
de café con ellos, yo estaré detrás del dibujo siempre cada vez que lo vea,
como se los prometí aquel día, espero que a lo lejos me puedan ver, dibujado en
ese momento, porque son ellos quienes me impiden renunciar a los sueños más
tiernos e imposibles. Siendo auto critico, ellos, en la imagen, no se parecen a
los que van caminando por la calle tirando rostro, pero si se parecen a los
amigos que soñé para esta mi única vida.
lunes, 9 de febrero de 2015
023 CAMPANARIO SAN FRANCISCO
Este es el primer boceto acuareleado del que no me siento
tan apenado y es que no sé por qué resultó darme un poco de seguridad. Por lo
cual quiero que sea el primer boceto dedicado, es y será para mi maestro el
Arquitecto Eduardo Alonso a quien tengo una profunda admiración y respeto; me
atrevería a decir que él es el responsable de este ambicioso proyecto (Urban Sketcher
o Tlacuilo Urbano). Titular del taller de diseño y responsable de los apoyos en
representación arquitectónica y teoría e historia sembró en mí el amor por la
arquitectura; hasta donde estoy enterado, no es algo que se busca, simplemente
se da, como una conquista y entonces pasa de ser una profesión más, a un estilo
de vida. Empezar a leer la ciudad desde su historia, sus cicatrices, sus obscenidades,
sus proyecciones, lo actual y lo que viene, la manera en que habitamos es lo
que dicta de qué manera van a ser nuestros techos en un futuro y cuáles de
ellos van a llenar nuestra alma… Es esperanza pura. Desde aquel curso deambulo
y patrullo la ciudad de una manera diferente y el dibujo se ha vuelto una forma
de decirle al mundo que lo veo, tanto al momento de diseñar, como al convivir,
la representación de una idea es fundamental. Yo no sé aun realmente que
significa ser un arquitecto, no pretendo aparentarlo, pero el Arquitecto
Eduardo me ha enseñado a ver y disfrutar más el mundo, la arquitectura y de
paso la vida.
Entonces me doy a la tarea de encontrar en el día a día lo
que está frente a nuestros ojos pero no se ve y lo plasmo en un papel. Una especie
de registro y a la vez mapa de tesoros, de testimonios de vida, de
acontecimientos, de sucesos, de traslados, de sueños, frustraciones, traducidos
en monumentos, estaciones de metro, edificios con y sin sentidos, parques, cafeterías
etc, finalmente la vida y la arquitectura, generan y están hechas de lugares.
Gracias maestro…
022 CUMPLEAÑOS DESPUÉS DE UNA PERDIDA
¿Qué es una mesa?
Fernando delgadillo creo que explica en una cuarta parte lo
que significa una mesa en su rola, “la mesa de la cocina”. En la casa mexicana
las mesas son templos, las mesas de las cocinas son además, altares, oficinas,
confesionarios, lugares potencialmente inolvidables y de mucho peso emocional. Amar,
comer, y beber. Los tres placeres más grandes de la vida, son alojados
perfectamente en una mesa. Yo por ejemplo además de amar a la familia que me
soporta, disfruto del cafecito eterno que siempre me ofrece mi mamita del alma,
del espíritu, a quien amo mucho, y se toma aquí en esta mesa. Donde al ver la imagen
me desespero, porque no pude representar la tristeza atmosférica de ese día, Si
se ve con muchísimo detenimiento, el de rojo, mi carnal juanchis, la de morado
mi jefita, la de negro Lolis, y el morenito que casi no se ve, el buen Toñis,
consolando a mi mami Mely. Tal vez puede ser un dibujo morboso, tal vez sólo lo
sea por la descripción que redacto. Pero es que en una mesa también se pasan
lasa lágrimas con café, con pasteles de cumpleaños, porque nos amamos como
familia, y por qué pronto vendrán los domingos de sopecitos, de mole, en honor
a la que por hoy andamos achicopaladines, mi mama carmelita…
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