miércoles, 18 de febrero de 2015

025 CARLA Y DIEGO



Cuando la arquitectura pasa de lo material a lo etéreo, cuando el donde no importa y el que, trasciende, cuando el recurso que tan a la mano tenemos no alcanza (el tiempo), ese instante que no es lugar, sino momento. Es la parte de la vida donde las aguas se aplacan y todo tiene sentido de nuevo; para mí, la columna encabronadamente fuerte de donde derivan las nuevas promesas, sueños e ilusiones, donde se sana el alma. Después medito un poco, sólo un poco, y pienso ¿Qué realmente es tan importante, una tasita de café? Me respondo inmediatamente, “nunca es suficiente” pero me esfuerzo y pienso otro poquito y me doy cuenta de que tampoco es el café. El aroma seduce, distrae, concentra, pero no, no es eso. Tal vez sean las personas, pero si me pusiera a pensar en todas las personas que existen y al pasar me ignoran, podría hacer un tratado entre mi soledad, sus soledades y lo extraño que es la libertad. Son entonces ellos, fábricas de emociones, sensaciones y reconfortantes esperanzas, son ellos, a los que les debo mi vida, porque mi vida está construida de momentos, y ellos hacen muchos de esos. En la imagen estoy tomándome una tasita de café con ellos, yo estaré detrás del dibujo siempre cada vez que lo vea, como se los prometí aquel día, espero que a lo lejos me puedan ver, dibujado en ese momento, porque son ellos quienes me impiden renunciar a los sueños más tiernos e imposibles. Siendo auto critico, ellos, en la imagen, no se parecen a los que van caminando por la calle tirando rostro, pero si se parecen a los amigos que soñé para esta mi única vida. 

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